Diego Velázquez
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Diego Velázquez: Historia de su vida

Al escuchar el nombre de 'Velázquez' ya se sabe que la conversación va a tratar sobre una de las figuras más importantes del mundo del arte español. Desde su muerte hace siglos, Diego Velázquez no se ha borrado de nuestra memoria y su obra es visitada a diario en los museos más prestigiosos del mundo, además de adornar miles de tarjetas y pósteres. Así que, ¿cuál es la historia detrás de esta poderosa personalidad artística que sigue considerándose uno de los grandes del Barroco español?

Diego Velázquez nació en 1599 en una familia de nobles sevillanos. A la tierna edad de 11 años, comenzó a trabajar como aprendiz del famoso pintor manierista Pacheco, a quien se le atribuye el desarrollo temprano de las habilidades artísticas de Velázquez. Una vez terminado su aprendizaje en 1615, comienza a producir interesantes obras de corte naturalista con un énfasis especial en los retratos, las naturalezas muertas, y la pintura religiosa. Tres años después se casa con la hija de Pachecho, Juana de Pacheco, y en los tres años siguientes tuvieron dos hijas, aunque sólo una de ellas alcanzaría la edad adulta.

En 1623, un Velázquez de 24 años se traslada a Madrid con la intención de impulsar su carrera artística, y no pasó mucho tiempo antes de que hallara un gran éxito. Su primer encargo de la realeza fue un retrato del joven rey Felipe IV de España en 1629, que fue tan bien recibido que fue nombrado inmediatamente Pintor de la Corte. Velázquez continuó asombrando a la realeza con muchos retratos bellamente acabados, a la vez que se comenzó a orientar hacia el interesante mundo de una pintura mitológica que aunase realismo y fantasía, desdibujando las fronteras entre ambas y transportando al espectador a su personal mundo artístico.

Diego Velázquez se tomó un par de años para viajar por Italia y estudiar el arte italiano, periodo durante el cual su obra comenzó a estar muy influida por pintores como Tintoretto o Tiziano. Su vuelta a Madrid marca su periodo más dramático, y es cuando realiza alguna de sus obras más celebradas. Además de que su obra gozase de un puesto de honor en la sala del trono, comenzó a añadir a sus cuadros algunos toques peculiares, y se atrevió más a romper con la tradición artística. Velázquez continuó trabajando como pintor de la Corte hasta su muerte en 1660.

Si quieres contemplar algunos de los cuadros más valiosos de Velázquez, no puedes dejar de visitar el Museo del Prado en Madrid, donde se encuentra la más extensa colección de cuadros del pintor sevillano.

Diego Velázquez: Estilo artístico e influencias

La obra de Velázquez está considerada como la representación más perfecta del estilo Barroco español, un estilo que desplaza el énfasis renacentista en los trazo de luz brillante y la perspectiva matemática. El Barroco favorece a la esencia de la humanidad, mostrando las cosas como deberían ser vistas.

El desarrollo del claroscuro significó que las sombras tenían la misma importancia que las luces, pues con este método las cosas pueden ser escondidas o destacadas, contrastadas o expuestas. Este efecto fue utilizado a menudo por Velázquez.

Su entrenamiento temprano como aprendiz de Pacheco le aportó una base en realismo italiano que sería una constante en su obra. Cuando su estilo se fue desarrollando un poco más, giró hacia un enfoque más naturalista, como por ejemplo en La Epifanía (1619), donde recrea esta famosa escena con miembros de su propia familia frente a los tradicionales María y José. Esto sirve para universalizar la escena, haciéndola relevante para cualquier familia.

Durante los viajes de Velázquez por Italia recibió una fuerte influencia de los grandes maestros venecianos, lo que se hizo particularmente palpable en su uso del color. El famoso cuadro Las Meninas (1657) y La Rendición de Breda (1635) son buena prueba de ello. éste último llegó a estar colgado en la sala del trono del rey Felipe IV, donde se celebraban las victorias bélicas. El cuadro es muy conmovedor -entre otras cosas- porque Velázquez se centra en el sentimiento humano en lugar de en el derramamiento de sangre y la agresividad bélica. La cara del comandante español Spinola está cargada de compasión mientras el fuerte holandés se rinde finalmente tras cuatro meses de asedio.

Velázquez se incluyó a sí mismo en bastantes de sus cuadros, especialmente en los de su etapa más tardía. Esto destaca el vínculo inseparable del artista con su obra, a la vez que hace sospechar que Velázquez se veía a sí mismo como una personalidad de bastante rango, más que como un humilde pintor.

Sus cuadros se centraron en el funcionamiento real de la Corte, frente a los formalismos estrictos y algo ostentosos del retrato realesco tradicional. Su decisión de pintar a los bufones y enanos de la corte amplió sus estudios de la figura humana. Al permitir a alguien normalmente considerado un bufón pasar a ser un objeto artístico serio, Velázquez dio con algo verdadero. Enano sentado en el suelo (1645; Museo de Prado, Madrid) es un buen ejemplo de cómo Velazquez demostró que cualquier persona merece ser retratada.

Al usar el arte tanto para unir como para disgregar, no podemos negar la potencia que yace bajo su obra.

Diego Velázquez: Obras famosas

  • La Inmaculada Concepción (1618: National Gallery, London)
  • La Epifanía (1619: Museo de Prado, Madrid)
  • El triunfo de Baco (1629: Museo del Prado, Madrid)
  • Cristo Crucificado (1632: Museo del Prado, Madrid)
  • El Infante Baltasar Carlos a caballo (1634: Museo de Prado, Madrid)
  • La rendición de Breda (1635: Museo de Prado, Madrid)
  • Enano sentado en el suelo (1645: Museo de Prado, Madrid)