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Amor, a la española

En la literatura española están presentes muchos tipos de amor. ¡Descubre algunos ejemplos de la manera española de amar!
San Valentín está aquí y, aunque la mayoría de los españoles considera esta fecha un puro evento comercial, todos sabemos que en cada hombre y mujer de este país late un corazón apasionado y romántico. Y esto ha sido así desde que el mundo es mundo. De hecho, podemos decir que en la literatura española están presentes muchos tipos de amor. Pero dejemos la teoría y pongamos algunos ejemplos.
Quizá el más conocido, y para muchos el más dramático, sea el amor imposible. Una de las historias más famosas de este tipo de romance es la de los “amantes de Teruel”. Fue en el siglo XIII cuando Juan Martínez de Marcilla e Isabel de Segura se enamoraron. Los problemas surgieron cuando su familia descubrió que la de él no poseía bienes ni fortuna, así que pusieron un arreglo por el cual Isabel sólo se casaría con Juan si él lograba reunir una pequeña fortuna en un tiempo determinado. Fue a la guerra y se enriqueció, sí, pero cuando regresó el plazo había expirado, por lo que descubrió que Isabel ya se había casado con otro. Juan visitó en secreto a su amada y le pidió un beso; ella se negó, porque ya era una mujer casada. El desengañado amante murió de tristeza y fue enterrado. Isabel asistió a su funeral vestida de luto. Se acercó al ataúd llorando, besó el cadáver de Juan en los labios y cayó muerta al instante. Podemos visitar su mausoleo en San Pedro de Teruel, en Aragón.
Esta es una historia muy conocida para los españoles, y podríamos decir que es algo así como el “Romeo y Julieta español”. De hecho, muchos dramaturgos han reescrito esta historia para el teatro.
Menos “sincero” y más lujurioso fue el amor de Calisto y Melibea, los protagonistas de ‘La Celestina’, de Fernando de Rojas. Publicada en 1499, cuenta la historia de Calisto, que recurre a los artífices de Celestina, una vieja alcahueta, para conquistar a Melibea. Ella se resiste, pero finalmente sucumbe a los trucos de la alcahueta y termina yaciendo con Calisto. No obstante, y debido a un malentendido, él acaba cayendo por las escaleras que le conducían a la habitación de Melibea y muere. Puede parecer una historia de amor imposible, pero si leemos bien la obra descubrimos que lo único que mueve a los personajes es la búsqueda del propio goce y placer. Si Fernando de Rojas escribió la obra con intención moral o para denunciar la “hipocresía carnal” de la sociedad de la época sigue siendo motivo de debate... y un dolor de cabeza para los estudiantes de literatura.
Pasemos: del amor consumado al amor sublimado. En la obra más famosa de nuestra literatura, Don Quijote de la Mancha, vemos un ejemplo de este amor platónico. La mente del pobre hidalgo, enloquecida por la lectura de libros de caballerías, convierte a una joven campesina llamada Aldonza Lorenzo en la bella dama “Dulcinea del Toboso”. Don Quijote nunca la encontrará, pero en su nombre comete toda clase de locuras. En cualquier caso, creemos que no le habría gustado ver que su dama en realidad “tenía mejores manos para salar cerdos que cualquier otra mujer de La Mancha”. Esta historia sirve de ejemplo de la idealización excesiva y desastrosa del ser amado.
Algunos viven las batallas del amor como una broma: en Italia tenemos a Casanova, en Francia al vizconde de Valmont... y en España, a Don Juan. El personaje fue creado por Tirso de Molina en el siglo XVII, pero la versión más conocida de sus aventuras se debe al autor romántico José Zorrilla. En ambos casos Don Juan es un galán, un mujeriego que se recrea no tanto en la satisfacción de sus deseos como en los juegos amorosos previos a la conquista. Podría decirse que es como un gato que juega con el ratón antes de matarlo, un juego que normalmente no acaba bien para la mujer seducida, aunque el “cazador” termina sintiendo algo sincero por su presa. No obstante, el propio Don Juan se ha convertido en el arquetipo del pecador arrepentido que en su madurez se lamenta de todo el mal hecho.
Aunque el término es moderno, en la literatura española también existe el “amor tóxico”. Se aprecia bien en la comedia “El perro del hortelano” del dramaturgo del Siglo de Oro español Lope de Vega. El título hace referencia a un viejo dicho que afirma que “el perro del hortelano no come ni deja comer”. En ella vemos al pobre Teodoro, secretario de la Condesa de Belflor, sufrir por el amor –a veces correspondido y a veces no– de su amada. La condesa desprecia el afecto de su empleado por ser de rango social inferior, pero no soporta la idea de que él se enamore de otra mujer. Así transcurre esta “comedia de enredos”, entre muchos “sí” y “no”, hasta que se descubre que Teodoro es de origen noble y el amor (así como el orden social establecido) triunfa. Para los críticos, el final feliz de esta obra oculta cierta glorificación del masoquismo.
Finalmente volvemos al Romanticismo español (siglo XIX), pero no para contar el argumento de una obra literaria, sino el trágico destino de un autor que personificó el ideal del amor romántico mejor que ninguna obra. Hablamos del periodista y escritor Mariano José de Larra. En 1831 inició una relación turbulenta con Dolores Armijo, esposa de un conocido abogado de Madrid. Larra también estaba casado, pero su mujer lo divorció al enterarse de la infidelidad y después de que Larra enviara algunas cartas comprometedoras al marido de Dolores. La relación entre Mariano y Dolores se rompió definitivamente cuando ella decidió volver con su esposo. Para borrar toda prueba de su relación, ella pidió a Larra que le devolviera las cartas de amor. Larra, completamente destrozado, se pegó un tiro en la cabeza (algunos dicen en el corazón). Algunos creen que Mariano hizo eso porque posiblemente estuvo influido por la lectura de “Las penas del joven Werther”, de Goethe; una novela en la que el protagonista también termina suicidándose por un amor no correspondido.
Lo que muy poca gente sabe es que, como en todo buen relato romántico, la historia acaba con un golpe cruel de justicia poética: el barco en el que Dolores viajaba rumbo a Manila para reunirse con su marido se hundió. No hubo supervivientes.
Hay muchos más ejemplos de autores y obras españolas propensas al amor; pero estos son probablemente los casos más extraños y estudiados. Aunque, para ser honestos, también deberíamos haber citado una obra del siglo XIV llamada “El Libro de Buen Amor”, escrita por el Arcipreste de Hita, en la que están incluidos todos los tipos de amor descritos anteriormente. Pero os dejaremos que descubráis este libro por vosotros mismos....