Miguel Servet
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Miguel Servet

Cuando uno lee la biografía de Miguel Servet tiene la impresión de estar ante la vida de un hombre notable, de un erudito que sin embargo ha pasado desapercibido. ¿A qué puede deberse? Quizá a que la historia no suele ser clemente con aquellos que no están con nadie.

Pero vayamos al grano y hablemos de este personaje, teólogo, médico y científico descubridor de la circulación pulmonar de la sangre, condenado a la hoguera… curiosamente por reformadores. Nació en 1511 en Villanueva de Sigena, Huesca (Aragón), en el seno de familia de cristianos viejos. Muy pronto mostró inquietudes académicas, por lo que entró al cargo del erudito franciscano Juan Quintana.

Con 17 años Miguel es enviado a la Universidad de Toulouse, la más moderna de aquel momento. Allí el joven Servet quedará fascinado por la teología y se obsesionará con una idea: el concepto de la Trinidad como obstáculo para el entendimiento de las tres grandes religiones, cristiana, hebrea y musulmana. Estudiará la Biblia y se dará cuenta que la Trinidad no es mencionada en sus páginas.

Juan Quintana, proclamado confesor del rey, requerirá la ayuda de Servet como parte del séquito que acompañará a Carlos V en su coronación como emperador en Roma. Aunque la corte tenía un marcado carácter humanista (inspirado por Erasmo de Rotterdam) seguía adoleciendo, a juicio de Miguel, de una excesiva adoración al Papa. La opulencia del clero de Roma tampoco le gustó. Decidió marchar a Suiza para unirse a los protestantes.

Sin embargo en Basilea sus ideas chocan con las de los protestantes, que se niegan a aceptar la negación de la Trinidad. Decide Miguel marchar a la tolerante ciudad de Estrasburgo, donde publicará su primera obra teológica; pero Servet se encuentra con que es condenado por la Iglesia Protestante y a la vez perseguido por la Inquisición Católica. Tendrá que huir a París y establecerse con un nombre falso, “Michel de Villeneuve”.

Cambió radicalmente su vida y se puso a estudiar medicina. Sin embargo en numerosas ocasiones debatió acerca de religión con otro personaje polémico, Juan Calvino. Pero ser un perseguido amigo de un perseguido era demasiado para Miguel, que abandonó París para establecerse en Lyon como trabajador de una imprenta. No duró mucho tiempo pues las mordaces anotaciones hechas a una obra le valieron nuevos enemigos.

Miguel Servet

En 1536 volverá a París para retomar sus estudios de medicina. Resultó una buena elección: comenzó a hacerse un nombre como médico y fue precisamente él quien descubrió que la oxigenación de la sangre se realizaba en los pulmones y no en el corazón. Sin embargo tuvo un desliz: en sus escritos vinculó medicina y astrología, lo que le valió la expulsión de la universidad. Fue absuelto por la Inquisición pero condenado por el Parlamento de París; así que volvió a Lyon para ejercer la medicina, donde su fama llegó al arzobispo de Vienne, que le hizo su médico personal.

En Vienne hizo fama y fortuna tanto como editor como médico. Además, le quedó tiempo para retomar una vieja amistad que resultaría fatídica: comenzó a mantener correspondencia con Calvino a propósito de la Trinidad. No eran las mismas circunstancias de la época de París: Calvino ya era un líder religioso en la cima y no aceptaba críticas a su dogma. Cuando, tras mandarle una de sus obras, Servet se la devolvió plagada de correcciones el religioso interrumpió la correspondencia y afirmó que si Servet llegara a presentarse en Ginebra algún día no saldría con vida.

No sabemos si Servet conocía o no aquella afirmación del reformador, pero se atrevió a publicar su obra “Christianismi Restitutio” con 30 de sus cartas a Calvino. Este respondió revelando la verdadera identidad de “Michel de Villeneuve” a la Inquisición Católica, que le condenó a prisión. Consiguió escapar, pero se empeñó en huir a Ginebra, donde fue apresado por los protestantes, que le acusaron de no reconocer ni la Trinidad ni el bautismo y le condenaron a la hoguera. Por cierto, se cuenta que un arrepentido Calvino intentó que su antiguo amigo fuese librado de la hoguera… y en su lugar fuese decapitado.

Prevaleció el dictado de las autoridades y Servet murió en la hoguera el 27 de octubre de 1553. Unos meses después las autoridades católicas hacían los mismo, pero condenando a la efigie del médico.

Con el paso del tiempo la figura de Servet ha sido reconocida (el hospital universitario de Zaragoza lleva su nombre, una fundación lleva su nombre) y su papel como humanista es cada vez mejor conocido. Cada vez Servet está más cerca de obtener la admiración que merece.