Eugenia de Montijo, Emperatriz
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Eugenia de Montijo

Durante mucho tiempo los españoles sintieron adoración por la figura arquetípica de la reina trágica; por ejemplo Juana I (la famosa Juana la Loca de la que ya os hablamos) o aquella de la que os vamos a hablar ahora: Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia y esposa de Napoleón III.

Nació en Granada el 6 de mayo de 1826, hija de Cipriano Palafox y Portocarrero, conde de Teba, y María Manuela Kirkpatrick, heredera de una familia noble escocesa que se asentó en España para comerciar con vino. Era un hogar privilegiado, pero no feliz. El conde y María Manuela no se llevaban bien; por lo que ella hizo rápidamente las maletas y marchó a París con Eugenia y su hermana María Francisca. Conocía a Prosper Merimée, autor de Carmen y a Stendhal, lo que le aseguró entrar en los círculos de la alta sociedad francesa.

Eugenia de Montijo María Manuela estaba dispuesta a "casar bien" a sus hijas (recordemos la época que era) y lo consiguió con María Francisca, que se casaría con el futuro duque de Alba. Eugenia, por su parte, se enamoró perdidamente de un marqués, el de Alcañices, pero sufrió un serio desengaño y estuvo dispuesta a pasar el resto de sus días en un convento.

Pero en 1849 y con 23 años conoció a otro desengañado: Napoleón III, presidente de la república francesa, que había sido rechazado recientemente por Adelaida, sobrina de la reina Victoria de Inglaterra. Congeniaron, pero lo que tuvieron en aquel momento no pasó de ser una conversación ligera. La gran sorpresa llegó en 1853. En su primera recepción como emperador francés Napoleón III pide la mano de Eugenia a su madre.

Eugenia se convertía en emperatriz a la edad de 27 años. Ejercería la regencia en 1859, 1865 y 1870 implicándose de lleno en la política imperial, a menudo con puntos de vista muy distintos a los de su marido; por ejemplo fue partidaria de aquellos que se oponían a la intervención francesa en Italia. Por otra parte fue defensora de la intervención francesa en México y una férrea opositora al candidato prusiano a la corona española, algo que precipitó la guerra franco-prusiana de 1870.

La guerra terminó con la caída del segundo imperio francés, por lo que Eugenia y su familia tuvieron que huir, primero a Bélgica y después a Gran Bretaña. Napoleón III había caído prisionero de los prusianos, así que Eugenia tuvo que negociar su liberación.

Napoleón moriría en 1873 y el gobierno francés permitió la vuelta de Eugenia y su hijo Eugenio, estableciéndose en Biarritz. Su retiro tampoco sería tranquilo pues en 1879 Eugenio muere en Sudáfrica, a manos de los zulúes.

Sólo le quedaba su país y su familia, así que pasaría largas temporadas junto a su hermana María Francisca, duquesa de Alba. De hecho Eugenia murió en 1920 en el madrileño palacio de Liria, durante una de sus visitas.

Una vida que muchos llamarían "romántica al viejo estilo" y que ha inspirado a guionistas, escritos... ¡Y hasta a astrónomos! Como curiosidad os diremos que el asteroide 45 Eugenia, descubierto en 1857, se llama así en honor a la emperatriz. Como veis fue una mujer que marcó época.